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Habitar es la interacción humana desplegada en el espacio que rodea al cuerpo por la cual se organiza, ocupa y coloniza en función de las necesidades.El diccionario metapolis de arquitectura[1] ofrece varias definiciones para este término. La primera dice que habitar la arquitectura se sitúa en el umbral que permite la creación de mundos para el sujeto que vive este final de milenio. Plantear procederes, modos de hacer arquitectura, a través de los que el sujeto llegue a conocer más a sentir más, a ser capaz de construir esas miras desde las que atrape y haga suya una idea de mundo, una interpretación de lo que queda “ahà fueraâ€. La segunda dice que habitar es un “gerundioâ€. El proyecto del habitar tiene que provocar que el lenguaje se separe; que lo llamado doméstico, por lo contrario, se haga más hablando que formalizado, más contorno que precisión. De nuevo la quiebra, la rotura. El proyecto llama asà a la extradición, al extrañamiento por excelencia.En la página 10 de los textos contenidos en el cuaderno Acerca de la Casa 2[2] ] encontramos que el habitar, en la forma de la casa, es pues la expresión armoniosa de la relación con el lugar pre-existente (…) Sin el habitar no hay lugar. |
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